Cloudheim - PC (Análisis)
- Sr.Villano

- 29 oct 2025
- 3 Min. de lectura

VEREDICTO | "Se fue un poquito de nube" |
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PUNTUACIÓN | 7/ 10 |
¿Alguna vez soñaste con pelear contra monstruos sobre una tortuga voladora gigante?
El cielo vuelve a abrirse y Cloudheim deja de ser un simple sueño pixelado para convertirse en una tormenta divina. Su versión completa llega con más contenido, más drama y una escala que hace que el demo parezca solo un susurro entre los vientos. Los ecos del pasado resuenan con más fuerza, y el concepto de “ser un dios” se siente tan trágico como majestuoso.
Este RPG cooperativo de Noodle Cat Games nos lanza a un mundo post-Ragnarok, donde las islas flotan, las estructuras se desmoronan y hasta una maceta puede ser un arma mortal. ¿Alguna vez pensaste que incluso una nube puede llorar al recordar lo que fue un dios? Pues Cloudheim te responde: “Sí… y con física caótica incluida”.
Memorias que lloran desde las nubes

La historia se despliega con un tono más oscuro, como si el propio firmamento hubiese perdido la fe. Después del cataclismo de los dioses nórdicos, el mundo quedó destrozado y esparcido por los cielos. Nosotros encarnamos a un guerrero (o guerrera) que intenta restaurar el equilibrio desde su base voladora, la Odin Shell, una tortuga voladora tan enorme que hace que Appa de Avatar parezca una mototaxi.

La historia promete una narrativa épica, pero más que revelarte los secretos del universo, parece que Cloudheim te lanza a decir: “¡Descúbrelo tú mientras caes del cielo!” Lo que sí brilla es el concepto: reconstruir un mundo fragmentado mientras haces volar por los aires a enemigos peludos con una patada bien colocada.
Golpes entre nubes y macetas voladoras

Cloudheim mezcla acción con física… mucha física. Puedes empujar enemigos, lanzar barriles, usar partes del escenario como armas o, si eres un genio del caos, hacer que todo explote y esperar que no te toque a ti.

El sistema de combate intenta imitar esa sensación épica de Breath of the Wild, pero con un toque cooperativo que puede ser tan divertido como desastroso.

Si tienes tres amigos (y paciencia infinita), pueden coordinar ataques y armar reacciones en cadena. Pero más de una vez, terminarás lanzando por accidente a tu compañero al vacío porque la física decidió traicionarles.

Y sí, todo se puede fabricar: armas, armaduras y habilidades en tiempo real. Lo malo es que entre tanto menú y tanto brillo, a veces sientes que más que jugar, estás trabajando de mecánico celestial.
No todas las nubes traen lluvia, algunas traen bugs

Aunque el brillo divino es innegable, Cloudheim no escapa de sus propias sombras. El ritmo se resiente por momentos cuando ciertas misiones secundarias repiten fórmulas o piden demasiados recursos para progresar. También hay pasajes donde la cámara y los menús se sienten tan pesados como un trueno mal dirigido.

El exceso de información puede abrumar a los recién llegados, y aunque las opciones de accesibilidad ayudan, a veces la experiencia se nubla en detalles que no aportan tanto al viaje celestial.
Entre nubes rotas, aún brilla un rayo de esperanza

Aun con sus fallas, Cloudheim brilla como un canto al renacer. Su música, sus escenarios y su narrativa entretejida con mitología hacen que cada partida se sienta como volver a respirar entre los restos de un mundo perdido. Es una experiencia que te invita a mirar hacia el cielo… y preguntarte si aún queda divinidad en nosotros.

El final, lleno de simbolismo y melancolía, logra cerrar el ciclo con una fuerza que solo los juegos con alma alcanzan. Cloudheim no pretende que lo entiendas: quiere que lo sientas. Y cuando lo haces, ya eres parte de su tormenta.

“Entre las ruinas del cielo y los truenos del olvido, las nubes de Cloudheim aún guardan el suspiro de los dioses caídos… y quizá, el deseo de volver a ser algo más que vapor con memoria.”
Este análisis fue realizado con un código de descarga para STEAM brindado por Noodle Cat Games & https://www.keymailer.co






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